Este documento analiza cómo la inteligencia artificial puede fortalecer la gestión de crisis reputacionales mediante el monitoreo, la detección temprana y el análisis de narrativas, sin sustituir el criterio humano. Su planteamiento central es que la IA funciona como copiloto: aporta velocidad y capacidad de procesamiento, mientras las personas conservan la estrategia, la empatía, la responsabilidad y la toma de decisiones.